LA CLAVE DEL ÉXITO ¿CÓMO PREPARAR BIEN UNA OPOSICIÓN?

Técnicas de estudio

Los resultados que obtiene un opositor están en función de sus capacidades y de su interés, pero también de las técnicas de estudio que utiliza… y de la buena suerte. Lo podríamos resumir en la fórmula RENDIMIENTO = CAPACIDADES + INTERÉS + TÉCNICAS

En el colegio no nos enseñan a estudiar, y cada estudiante ha ido desarrollando una serie de hábitos para desempeñar su trabajo intelectual. Sin embargo, unos hábitos son más eficaces que otros, e incluso algunos llegan a ser perjudiciales. Por eso es necesario adquirir unas técnicas de estudio que permitan lograr la máxima eficiencia en la preparación de la oposición. De lo que se trata es de saber estudiar, que supone, en primer lugar, organizar el trabajo en función de las propias capacidades y de las condiciones en que se encuentra. En segundo lugar, conocer las reglas de la asimilación intelectual, es decir, del aprendizaje verbal, así como de los factores que en él influyen; por último, utilizar técnicas facilitadoras del trabajo intelectual.

Horario de estudio

La preparación de una oposición es un sacrificio, y ello exige un comienzo y un final cada día. Un horario constante y disciplinado.

Actitud y motivación

Para aprobar la oposición tiene que proveerse de un elevado nivel motivacional y de una actitud positiva. Ambos influyen notablemente en el aprendizaje y, por tanto, en el rendimiento intelectual. La motivación influye, sobre todo, en el nivel de atención y de concentración, necesario en el trabajo intelectual para conseguir resultados positivos. En este sentido, nuestro consejo es que busques el apoyo de tus preparadores y de tus compañeros. Un buen preparador debe ofrecerte motivación, ilusión.

Cambia el chip

Lo primero que queremos pedirte es que cambies el «chip», es decir, que deseches la mentalidad típica del estudiante español que, habitualmente, deja los estudios para el último momento. Si tienes esa costumbre, debes erradicarla. Darte el gran palizón en vísperas del examen no te va a servir para aprobar una oposición. Al contrario: el éxito del opositor reside en la planificación, la dosificación y la constancia.

Un esfuerzo que merezca la pena

Aprobar una oposición supone un reto, una dificultad que no todos son capaces de superar. Aproximadamente, sólo la mitad de los que se presentan van bien preparados y tienen posibilidades reales de aprobar. La otra mitad, no. Ese reto exige renunciar a algunas cosas: sacrificio. Lo esencial es que establezcas un horario y que lo cumplas. Se suele decir que el opositor es un ser difícil de ver porque casi no sale, por lo que inspira cierta compasión a sus familiares y amigos… hasta que aprueba. Entonces comienza a ser admirado porque ha conseguido un empleo para toda la vida. Así que aprobar una oposición es un reto, sí, pero que merece la pena porque el premio es sustancioso. Por lo tanto, el esfuerzo, la dedicación y el sacrificio que te exige una oposición se compensan con el premio que esperas alcanzar, pero recuerda que no hay que fustigarse y es compatible una oposición del Grupo D con otras actividades, si somos serios.

Tú eres el protagonista

El protagonista de una oposición es el opositor. Eres tú quien debe responder el día del examen, toma las riendas. Por eso, haz acopio de todas tus fuerzas, que recolecte todas tus energías. Los preparadores son tus ayudantes, orientadores, guías. Debes apoyarte en el equipo docente (y también en los compañeros). Están a tu disposición para motivarte, marcar tu ritmo de estudio, actualizar el temario, explicarlo, aclarar las dudas y evaluar el estado de tu preparación. Del mismo modo, la familia y los amigos pueden prestarte un apoyo moral muy valioso. Cultiva el compañerismo: nadie te comprende mejor que otro opositor.

Aprovecha el tiempo

Puesto que has decidido opositar, debes concentrar tu vida en esta actividad. No es necesario que lleves una vida de ermitaño: más horas de estudio no siempre equivalen a mayor rendimiento. Lo que necesitas es, sobre todo, aprovechar el tiempo. Para evitar desmoralizarte debes proponerte objetivos inmediatos e ir viendo los resultados. Una oposición se gana por etapas. Por cierto, una oposición es, evidentemente, una competición. No obstante, te aconsejamos que busques nuevos amigos entre los compañeros de oposición, te serán muy útiles, te apoyarán en muchas ocasiones, porque tenéis inquietudes comunes. El retrato-robot del opositor ideal es el de una persona constante, ordenada, disciplinada y automotivada para superar retos.

Estrategias de motivación

Estudia con atención, sin distraerte

Concéntrate en tu preparación

Organiza inteligentemente tu trabajo

Dedica el tiempo necesario a cada tema

Mantén tu hábito de estudio

Comienza tu preparación a buen ritmo desde el principio

Estudia los temas, repítelos y repásalos hasta memorizarlos

Márcate objetivos concretos y próximos

Refuerza tu conducta otorgándote premios

Utiliza técnicas activas de estudio

Realiza aprendizajes significativos

Busca la funcionalidad de tus aprendizajes

Evita las distracciones

Fortalece tu autoestima

Sigue las indicaciones de tus preparadores

Sé constante. Insistimos: CONSTANCIA

Haz un programa de trabajo

Debes distribuir el tiempo total de preparación entre todo el temario. Pero, lo más importante: cumple tu propio programa. Para ello, debes hacer un programa de trabajo que puedes contrastar con tus preparadores para ir al unísono en su esfuerzo y terminar dominando los ejercicios a los que te vas a enfrentar. Una vez aclaradas las dudas, te sugerimos que elabores un cuadro sinóptico de tu oposición para que te hagas una idea más realista y ajustada de todo su contenido. Este cuadro puede servir de ejemplo:

Fases técnicas de estudio

Lo primero es leer...

Lo primero que se debe hacer a la hora de abordar un tema es leerlo. No pienses que te va a hacer perder el tiempo, al contrario, leer un tema antes de estudiarlo te permitirá hacerte una idea general del mismo y saber de qué trata, gracias a los títulos y subtítulos. Al mismo tiempo vas percibiendo el nivel de conocimientos e, inconscientemente, vas relacionando los nuevos contenidos con los que ya tienes, y te darás cuenta de que no todo es tan nuevo como parecía. Antes de cada clase es absolutamente esencial leer los temas.

… Después profundizar

Se pueden distinguir dos niveles sucesivos de profundización en la lectura: la prelectura, que consiste en leer un apartado o epígrafe para formarse una idea general del contenido, y viene a contestar la pregunta ¿sobre qué trata el texto?; y la lectura comprensiva, en la que se intenta descubrir la estructura del epígrafe. Debe hacerse párrafo a párrafo, es el momento de utilizar el diccionario cuando no se conoce el significado de algunas palabras, y material complementario o ampliatorio, leyes o apuntes; aquí ya se va diferenciando la idea principal de las ideas secundarias que la desarrollan para así establecer lazos jerárquicos de dependencia entre las ideas. Es bueno apuntar en el margen la idea o ideas generales del texto.

Consejos para una lectura rápida y eficaz

-No te fijes en las palabras aisladas, hay que hacerse con la visión de conjunto

-La velocidad de la lectura debe ser moderada, ni muy lenta, ya que se perderá la visión de conjunto, ni muy rápida porque se puede perder el «hilo» de la lectura. Ve ajustando la velocidad a la dificultad del texto

-No sigas el texto con el bolígrafo o con el dedo. También se debe evitar leer con los labios, resta velocidad

-El ritmo de lectura lo marca el movimiento de los ojos, no leas moviendo la cabeza.

-Fija la vista en la parte superior de las palabras. Te animamos a que lo practiques, podrás comprobar que funciona.

Hay que subrayar el tema

-Después de realizar una lectura del texto, debes realizar el subrayado del tema a la vez que haces otra lectura rápida.

-El subrayado ha de contener la información básica, pues sin ella no es posible aprender la materia. Hay que subrayar palabras aisladas o frases breves, sobre todo verbos o sustantivos e ir jerarquizando las ideas con distintos tipos de marcas: doble subrayado, llamadas de atención como asteriscos, exclamaciones… El subrayado hace que el estudio sea más atractivo y agradable y te facilitará la concentración a la hora de estudiar.

Como realizar un esquema

Tras la fase del subrayado, se pasa a la realización del esquema, reutilizando los que os damos en clase. Es una técnica que sirve para descubrir lo esencial del texto y para prescindir de lo accidental. Se resaltan las ideas ordenadas de una forma lógica y te permite visualizar el «esqueleto» del tema.

-No copies todo el texto, procura sólo escribir palabras clave, debe caber en un folio. Existen varios tipos de esquemas:

–Llaves o barras. Es el que mejor activa la memoria visual. Consiste en ir desglosando las ideas del tema por medio de llaves o barras, como en un árbol genealógico.

–Numérico. Consiste en ir numerando las ideas principales con 1, 2, 3… y cada idea secundaria con subniveles 1.1, 1.2, 1.3…. y así sucesivamente.

-Después de realizar el esquema es importante tenerlo siempre cerca cuando pases a la fase de memorización y te ayudará posteriormente a economizar tiempo y esfuerzo en los repasos.

Por último, un resumen

Después de haber realizado la lectura, el subrayado y el esquema de un texto, la siguiente fase dentro de las técnicas que estudio es el resumen.

-Esta técnica de síntesis, que habitúa al opositor a comprimir el material y a redactar las ideas, se elabora a partir de las frases y palabras subrayadas y tendrá una extensión aproximada de una cuarta parte del texto original. Esta proporción variará si el texto es muy denso de ideas o si se extiende en las explicaciones.

-En el resumen trataremos de «exteriorizar» lo que hemos aprendido, tenemos que escribir con nuestras propias palabras y sintetizar lo importante Tampoco es obligatorio respetar el orden de ideas del original, sino que seguiremos el que creamos más conveniente para nuestro interés. Añadiremos las aclaraciones o los datos que consideremos pertinentes.

-Hay temas que no se pueden resumir: listados de competencias, artículos de legislación, estructura de ministerios o consejerías… Nuestro consejo es que no resumas esos temas.

-El resumen favorece la memorización del contenido. Pero nuestro examen es un test, por eso la lectura frecuente es mejor que memorizar como loros…y entender de verdad lo que estudiamos…ese es nuestro secreto.

-El resumen es recomendable cuando la prueba a la que se va a enfrentar es un examen de composición, ya que desarrolla la habilidad de expresarse por escrito. El siguiente paso será la memorización de algunas partes del temario, pero recuerda, la labor más difícil ya la habremos realizado.

¿Hay que memorizar como loros?

Hay que insistir en que la memorización y la comprensión están muy unidas. No es posible memorizar sin hacer el esfuerzo que la comprensión (relacionar y ordenar) exige. Nunca cometeremos el error de aplicar técnicas de memorización con una materia complicada sin haber trabajado la comprensión, todo tiene que tener sentido para nosotros. Lo mejor de la memoria es que su capacidad siempre puede mejorar.

Técnicas para memorizar

-Se puede recurrir a métodos que faciliten la asimilación en la lógica del funcionamiento cerebral. Para ello existen recursos como son las reglas mnemotécnicas:

–La grabación es el método más utilizado para memorizar definiciones. Se trata de leer con mucha atención las líneas de texto (no más de cuatro) que se quieran «grabar» e intentar repetirlas tras unos segundos de espera.

-Cuando se trata de memorizar texto o resúmenes de mayor extensión tenemos que recurrir al parafraseado: leernos el texto (media página o una página) y lo reproduciremos después con nuestras propias palabras. Con esta técnica lograremos memorizar una serie de ideas y a la vez interiorizaremos las relaciones entre ellas.

–Utilizar acrósticos es otra forma de memorizar. Consiste en formar una palabra o una frase (no hace falta que tenga sentido) con la primera letra o sílaba de la lista de datos o características que se pretenden memorizar. El problema del acróstico es que se hace inútil cuando la serie que queremos recordar pasa de cinco o seis elementos.

-La técnica de fichero hace más ameno y ordenado un acto repetitivo. Es recomendable cuando queremos recordar una serie numerosa de datos aislados, ordenando las preguntas y respuestas en fichas como si se tratara de un juego de mesa.

-La técnica de imágenes mentales ayuda a memorizar conceptos. Como ya hemos señalado, la asociación es fundamental para memorizar, inventamos imágenes para asociarlas a los conceptos que deseamos recordar, creando una ‘película mental’. Cada opositor elegirá las reglas que mejor se adapten a las características de sus temas.

-Por último, el sueño juega un papel importante en la memorización. El cerebro en la fase del sueño compara y asocia la información recibida realizando un trabajo de criba que determina lo que se recuerda y lo que se olvida.

Repasar, repasar y repasar

-La última etapa del aprendizaje es el repaso. Para memorizar a largo plazo se debe repasar a menudo.

-Una forma de hacerlo puede ser recordando al empezar la sesión de estudio lo que se ha estudiado el día anterior. Los datos que permanecen se pierden luego a una velocidad cada vez menor. En cualquier caso, el repaso cumple la función de actualizar los contenidos adquiridos para reducir la pérdida de conocimientos y a la vez profundizar en la interiorización del tema.

-El tiempo es el mejor aliado del olvido ya que la mente tiende a olvidar para dejar paso a nuevos aprendizajes, por eso es necesario repasar los temas.

-Según los expertos en técnicas de estudios, si no repasamos, al día siguiente perdemos más del 60% de la información. Se aconseja hacer un primer repaso el primer día en que hayamos estudiado el tema, el segundo repaso al segundo día, el tercero a la semana siguiente, el cuarto repaso al mes y el quinto y último repaso unos días antes del examen.

-Para que sea efectivo los repasos deben estar bien hechos, lo cual significa que una vez efectuado un repaso, los contenidos vuelven a estar en la memoria al 100%. Si analizas el tiempo invertido en los repasos, es poco comparado con los beneficios.

-Lo primero que debes hacer es escribir el esquema e intentar reproducir el tema mirándolo, de forma oral o por escrito, consultar con el resumen las posibles lagunas que pudieran surgir, y volver a repetir mentalmente el tema hasta que lo reproduzcas de forma completa tal y como lo estudiaste. Los repasos realizados de forma oral son más rápidos y permiten memorizar al tiempo que se escucha; los hechos de forma escrita, aunque más lentos, favorecen el sobreaprendizaje.

-Un gran enemigo del opositor antes del examen es el miedo a quedarse en blanco, pero no debes ponerte nervioso, las ideas irán viniendo por sí mismas.

¿Cuántas horas hay que estudiar al día?

­Depende de la oposición que prepares y de tu disponibilidad y situación personal. Pero siempre debemos contestar que cuanto más puedas, mejor.

-Las oposiciones del grupo A requieren una dedicación diaria de ocho a diez horas; en total, unas 50 horas semanales. Estas oposiciones, en la mayoría de los casos, exigen dedicación exclusiva, ya que es difícil (aunque no imposible) compatibilizar este «empleo de opositor» con otra actividad laboral

-Para oposiciones del grupo B, tales como Técnico Medio o Gestión, es conveniente que dediques de 6 a 7 horas diarias como media, o sea, unas 40 horas a la semana.

-Una oposición del grupo D, no precisa dedicación total. Nuestra experiencia indica que tener más tiempo no supone necesariamente más ventaja. El secreto esta en la constancia y esfuerzo real, en la motivación, suerte y elemento psicológico de confianza en uno mismo.

¿Es mejor estudiar por la mañana o por la noche?

Depende del denominado «reloj biológico» de cada uno y de cuándo podamos estudiar. Hay quienes prefieren madrugar para comenzar a estudiar muy de mañana porque se concentran mejor, están más descansados y rinden más. Otros prefieren estudiar de noche, porque la ausencia de ruidos les favorece y es cuando más aprovechan el tiempo.

Tómate la preparación como un verdadero empleo o pluriempleo, aunque sin retribución, por el momento…

-Lo importante es que estudies siempre a la misma hora, que lo realices por rutina, como un horario de trabajo cualquiera. Eso te permitirá reforzar tu hábito de estudio, y te facilitará notablemente la concentración y la superación de la pereza.

-Ante la pereza tampoco conviene hundirse sino ser constructivos y conscientes para superarla. Busca tu lugar de estudio. No descartes las bibliotecas.

Claves para el día del examen

-Lo esencial es controlar la ansiedad, ya que, si ella te domina, puede dejarte la mente «en blanco». Una cierta tensión mejora el rendimiento intelectual (igual que en cualquier competición), pero la ansiedad es paralizante.

-Si durante el examen, nos ocurriera… no pasa nada, saldremos adelante, no nos hundiremos: dedicaremos unos escasos minutos a respirar profunda y pausadamente, sin pensar en nada; incluso desdramatizaremos, nos reiremos interiormente y seguidamente, responderemos a las preguntas más fáciles, para ir «cogiendo el hilo» de nuevo.

-Jamás pasaremos en vela la noche anterior: es lo peor que puedes hacer. Lo único que conseguirás es llegar agotado al examen. Al contrario, esa noche hay que dormir bien. Tu meta debe ser hacer unos exámenes perfectos. En esto tienes que ser muy ambicioso.

–Preparar el día anterior todo lo necesario para el examen: DNI, bolígrafos, lápices, goma de borrar, típex, y una botella de agua pequeña. De esta manera, te aseguras de que no olvidarás nada.

-En cuanto a la nota que debieras sacar en el examen, tu objetivo tiene que ser situarte por encima del punto de corte fijado por el tribunal, que lo hace en función del nivel de los opositores, del número de éstos, de la dificultad del propio examen, etc.

-La clave para superar un examen es el dominio del temario. Cuanto mayor sea tu dominio, más y mejor podrás responder.

-Es muy conveniente realizar simulacros de examen, frecuentemente, en nuestra casa. Las situaciones nuevas pueden generar ansiedad; las conocidas y habituales, no. Por lo tanto, el natural temor a lo desconocido se disuelve viviendo previamente situaciones semejantes. Por ello recomendamos presentarse a oposiciones parecidas. Si los simulacros de examen son similares a la «prueba de verdad», ¿por qué te va a inquietar el día del examen? Lo harás igual de bien que los simulacros de examen, y si éstos no han sido positivos, no debes esperar que en la «prueba de verdad» te venga la inspiración. En el caso de no haber realizado «simulacros de examen» sí debieras estar inquieto, tener ansiedad. Por tanto, realiza el máximo número de simulacros y estarás preparado con tranquilidad en la «prueba de verdad».

Con los simulacros de examen conseguirás:

-Obligarte a seguir un ritmo exigente de estudio.

-Habituarte a la rapidez y destreza precisa y la limitación de tiempo.

-Soportar el tiempo de realización del examen o el de espera, que a veces es de varias horas…

-Es muy recomendable que resuelvas los exámenes de convocatorias anteriores, te orientarán sobre lo que puede «caer» en tu examen. Aunque es altamente improbable que se repitan preguntas, sí te indican el tipo de cuestiones que suelen pedir. Por tanto, practica, resolviéndolos en un tiempo similar al que tendrás en el examen. Así te habituarás a distribuir el tiempo disponible, a no omitir ninguna idea importante, al material permitido, al tipo de preguntas que son habituales, a la frecuencia de los distintos temas…

Distintos tipos de examen

Exámenes tipo test u objetivos:

a) Concentrarse al máximo en el examen, manteniendo una calma total. Una vez que comienza el examen, para ti deja de existir todo lo demás.

b) Ojear rápidamente todas las preguntas del examen antes de empezar

c) Planificar el tiempo del examen según los consejos previos que se den por el preparador.

d) Leer detenidamente las instrucciones impresas en la portada o al principio de cada pregunta o en la convocatoria de la oposición. Sobre todo, debes tener claro si las respuestas erróneas no descuentan (en cuyo caso, responde a todas) o descuentan (deja en blanco aquellas que desconoces totalmente). Habitualmente la penalización es de un tercio de punto, es decir, cada tres errores restan un punto. Ejemplo: Si en un examen de 100 preguntas has acertado 79 y errado 21; como los 21 errores te descontarán siete aciertos, tu puntuación final será de 72 (79 – 7).

e) Dejar sin respuesta las preguntas que ni sabes ni puedes deducir su respuesta de ninguna forma. Las omisiones (preguntas sin responder) no penalizan. Nuestra experiencia indica que, por muy buena que sea la preparación, suele haber un pequeño porcentaje (a veces llega al 10%) de preguntas que no se entienden, están confusamente redactadas, admiten doble interpretación, no tienen la respuesta correcta, o incluso están fuera del programa exigido. Por lo tanto, no te preocupes si dejas unas pocas preguntas sin responder. Ten en cuenta que hay preguntas tontas o mal formuladas tanto en test de entrenamiento como en exámenes reales.

f) ¿Qué puedes hacer si te equivocas? ¿Borrar? ¿Tachar? Este detalle debe indicarse en las instrucciones. Si no es así, pregunta a quienes vigilan el examen. Utiliza desde ya siempre plantillas al hacer test en casa para habituarte a su manejo.

g) Lee el enunciado de cada pregunta con la máxima atención para desentrañar su significado. No te precipites, respóndela mentalmente antes de leer las opciones de respuesta. Seguidamente, comprueba en qué opción (a, b, c, d) se encuentra, y márcala. Pero si no encuentras su respuesta entre las opciones, vuelve a leer el enunciado, por si no lo entendiste bien; si ahora tampoco coincide, utiliza la técnica de la exclusión: algunas respuestas son claramente falsas, así que te pueden quedar sólo una dos respuestas posibles.

h) Fíjate bien en el enunciado de las preguntas. Algunas palabras suelen dar pistas para la respuesta: «siempre», «frecuentemente», «a menudo», «a veces», «rara vez», «nunca», «todos», «la mayoría», «algunos», «cada», «pocos», «ninguno», «óptimo», «mejor», «bueno », «regular», «malo», «peor», «mayor», «más», «igual», «diferente », «inferior», «menor», etc. Son las llamadas palabras-clave o «trampas traicioneras»

i) Responde a las preguntas que sepas, por orden o, mejor, por tandas: primero aquellas de las que estés seguro; después, las dudosas; finalmente, las más difíciles.

j) No elijas una respuesta sin haber leído las demás: quizá te des cuenta de que la correcta es otra. No lo olvides: no te precipites

k) No te detengas demasiado en una pregunta. Si dudas, pasa a la siguiente para que te dé tiempo a responder a todas las que sabes. No pierdas el tiempo. Trabaja deprisa, pero también seguro.

l) Repasa toda la prueba, tratando de responder todas las preguntas dudosas dejadas en blanco inicialmente. En este repaso quizá te percates de algunas respuestas erróneas y puedas modificarlas. Pero, ojo, a veces no da tiempo a revisar nada y es mejor ir contestando o decidiendo dejar en blanco las respuestas que procedan

m) Si tiene dudas, no cambies tu primera respuesta, que suele ser la correcta. Nada de dudar al final ni faltarnos el respeto a nosotros mismos: confiemos en nuestros conocimientos.

Exámenes prácticos

Son numerosas las oposiciones que exigen un ejercicio de carácter práctico que es tan selectivo como los restantes, si no más. Por ello se requiere una preparación adecuada, aunque algunos opositores lo descuiden, quizá porque lo ven muy lejano. Fracasar en él es, si cabe, más doloroso, porque suele ser de los últimos ejercicios. Nos referimos a los casos prácticos o a la informática. No le restes importancia. Evita lamentarte de no haber planificado bien y haber comenzado con tiempo suficiente. El antídoto: debes empezar a prepararlo con rigor y profundidad desde el primer momento. Si quieres asegurar tu éxito, tienes que ir preparando prácticamente todos los ejercicios en paralelo.

-Dependiendo de las bases de la convocatoria, a veces lo que se valora en este ejercicio es la comprensión de la materia, la lógica en los planteamientos y en la resolución, el rigor en la interpretación y en la aplicación de los preceptos legales, la comprensión de criterios doctrinales o jurisprudenciales, la claridad en la exposición y, en general, la formación del opositor. Otras veces consiste en redactar adecuadamente algo o en contestar de modo razonado. También pueden presentarse con respuestas alternativas (tipo test). Pero lo mejor es saber y entender lo que estudiamos. No creemos en estudiar de memoria.

Consejos útiles para enfrentarte a todo tipo de exámenes:

-Plantea tus dudas al preparador. En muchas ocasiones (sobre todo en las oposiciones del Grupo A) los temas no se explican individualizadamente (ello haría casi eterna la preparación). Por tanto, no es extraño que al estudiarlos te surjan dudas y problemas. No te las guardes. Al contrario, plantéeselas a tu preparador. Y esto, desde el comienzo: no olvides que las cuestiones suelen entrelazarse, por lo que, si vas acumulando dudas, difícilmente podrás ir comprendiendo el resto de cuestiones. Pero antes de preguntar hay que estudiar. Regla de oro de nuestro método: asistir a clase con la lección aprendida a priori.

-Utiliza la legislación completa y actualizada desde el primer momento que la necesites para resolver los supuestos. La lectura directa de la legislación es básica también para el test. Si te faltan leyes, díselo a tu preparador.

-Resuelve con seriedad y rigor los supuestos que se entreguen en clase para realizar en casa. Hazlo así desde el principio, como si del examen verdadero se tratara, redáctalos de forma completa; documéntalos con las referencias legales, jurisprudencias y doctrinales, en su caso, precisas; analiza en profundidad las cuestiones planteadas. Así irás adquiriendo y desarrollando el aprendizaje, la soltura, los reflejos, la claridad en la exposición y la facilidad en la interpretación. Todos ellos son fruto de un trabajo y de un ejercicio continuado.

-Resuelve en clase los supuestos y test que el preparador disponga, con la misma seriedad que si fuese el examen real.

-Entrega tu ejercicio al preparador. Así podrá saber si progresas adecuadamente y te comentará lo positivo y lo negativo, para que lo tengas en cuenta.

-Participa activamente en las clases pero respeta también el silencio necesario. Manifiesta tus argumentos y discrepancias, trata de convencer a los demás… De esta forma irás reforzando tu preparación y capacitación. El preparador no es un viejo sabio infalible, sino alguien que se ha comprometido a ayudarte y que está dispuesto a hacerlo con seriedad, con sus conocimientos, experiencia laboral e intuición práctica. Sé comunicativo y sincero cuando algo no te guste.

-En la mayoría de las ocasiones, los casos prácticos se corrigen con la lectura que hagas de lo que has escrito. Es decir que el tribunal evalúa sobre la marcha. No lo olvides en el momento de su redacción: debes ser claro, tanto en la exposición de los problemas y en su resolución, como en las citas que aportes. Pero el tribunal va a valorar, además del acierto, los argumentos utilizados, su variedad, la manera de tratarlos, etc. Por eso, a veces es más valioso demostrar que tienes claridad y rigor en el conocimiento de la cuestión, que en el mero acierto en la solución. A veces, un opositor ilumina al tribunal sobre un nuevo enfoque de la cuestión, que hasta entonces no se había planteado. Es importante la buena caligrafía y, si nos limitan el espacio de las respuestas, la concisión.

-Trata con más profundidad los temas más importantes y difíciles. No pierdas el tiempo en algo cuya resolución resulte clara y obvia, porque luego te puede faltar para tratar adecuadamente otra cuestión más importante y difícil, que deberías tratar con más amplitud y profundidad. No olvides que son precisamente éstas las cuestiones que el tribunal tiene más en cuenta al evaluar al opositor. Por ello, es importante que desde el principio controles el tiempo, no excediendo el que señala la convocatoria.

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