Distintos tipos de examen

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Exámenes tipo test u objetivos:

a) Concentrarse al máximo en el examen, manteniendo una calma total. Una vez que comienza el examen, para ti deja de existir todo lo demás.
b) Ojear rápidamente todas las preguntas del examen antes de empezar
c) Planificar el tiempo del examen según los consejos previos que se den por el preparador.
d) Leer detenidamente las instrucciones impresas en la portada o al principio de cada pregunta o en la convocatoria de la oposición. Sobre todo, debes tener claro si las respuestas erróneas no descuentan (en cuyo caso, responde a todas) o descuentan (deja en blanco aquellas que desconoces totalmente). Habitualmente la penalización es de un tercio de punto, es decir, cada tres errores restan un punto. Ejemplo: Si en un examen de 100 preguntas has acertado 79 y errado 21; como los 21 errores te descontarán siete aciertos, tu puntuación final será de 72 (79 – 7).
e) Dejar sin respuesta las preguntas que ni sabes ni puedes deducir su respuesta de ninguna forma. Las omisiones (preguntas sin responder) no penalizan. Nuestra experiencia indica que, por muy buena que sea la preparación, suele haber un pequeño porcentaje (a veces llega al 10%) de preguntas que no se entienden, están confusamente redactadas, admiten doble interpretación, no tienen la respuesta correcta, o incluso están fuera del programa exigido. Por lo tanto, no te preocupes si dejas unas pocas preguntas sin responder. Ten en cuenta que hay preguntas tontas o mal formuladas tanto en test de entrenamiento como en exámenes reales.
f) ¿Qué puedes hacer si te equivocas? ¿Borrar? ¿Tachar? Este detalle debe indicarse en las instrucciones. Si no es así, pregunta a quienes vigilan el examen. Utiliza desde ya siempre plantillas al hacer test en casa para habituarte a su manejo.
g) Lee el enunciado de cada pregunta con la máxima atención para desentrañar su significado. No te precipites, respóndela mentalmente antes de leer las opciones de respuesta. Seguidamente, comprueba en qué opción (a, b, c, d) se encuentra, y márcala. Pero si no encuentras su respuesta entre las opciones, vuelve a leer el enunciado, por si no lo entendiste bien; si ahora tampoco coincide, utiliza la técnica de la exclusión: algunas respuestas son claramente falsas, así que te pueden quedar sólo una dos respuestas posibles.
h) Fíjate bien en el enunciado de las preguntas. Algunas palabras suelen dar pistas para la respuesta: «siempre», «frecuentemente», «a menudo», «a veces», «rara vez», «nunca», «todos», «la mayoría», «algunos», «cada», «pocos», «ninguno», «óptimo», «mejor», «bueno », «regular», «malo», «peor», «mayor», «más», «igual», «diferente », «inferior», «menor», etc. Son las llamadas palabras-clave o “trampas traicioneras”
i) Responde a las preguntas que sepas, por orden o, mejor, por tandas: primero aquellas de las que estés seguro; después, las dudosas; finalmente, las más difíciles.
j) No elijas una respuesta sin haber leído las demás: quizá te des cuenta de que la correcta es otra. No lo olvides: no te precipites
k) No te detengas demasiado en una pregunta. Si dudas, pasa a la siguiente para que te dé tiempo a responder a todas las que sabes. No pierdas el tiempo. Trabaja deprisa, pero también seguro.
l) Repasa toda la prueba, tratando de responder todas las preguntas dudosas dejadas en blanco inicialmente. En este repaso quizá te percates de algunas respuestas erróneas y puedas modificarlas. Pero, ojo, a veces no da tiempo a revisar nada y es mejor ir contestando o decidiendo dejar en blanco las respuestas que procedan
m) Si tiene dudas, no cambies tu primera respuesta, que suele ser la correcta. Nada de dudar al final ni faltarnos el respeto a nosotros mismos: confiemos en nuestros conocimientos.

 

Exámenes prácticos

Son numerosas las oposiciones que exigen un ejercicio de carácter práctico que es tan selectivo como los restantes, si no más. Por ello se requiere una preparación adecuada, aunque algunos opositores lo descuiden, quizá porque lo ven muy lejano. Fracasar en él es, si cabe, más doloroso, porque suele ser de los últimos ejercicios. Nos referimos a los casos prácticos o a la informática. No le restes importancia. Evita lamentarte de no haber planificado bien y haber comenzado con tiempo suficiente. El antídoto: debes empezar a prepararlo con rigor y profundidad desde el primer momento. Si quieres asegurar tu éxito, tienes que ir preparando prácticamente todos los ejercicios en paralelo.

-Dependiendo de las bases de la convocatoria, a veces lo que se valora en este ejercicio es la comprensión de la materia, la lógica en los planteamientos y en la resolución, el rigor en la interpretación y en la aplicación de los preceptos legales, la comprensión de criterios doctrinales o jurisprudenciales, la claridad en la exposición y, en general, la formación del opositor. Otras veces consiste en redactar adecuadamente algo o en contestar de modo razonado. También pueden presentarse con respuestas alternativas (tipo test). Pero lo mejor es saber y entender lo que estudiamos. No creemos en estudiar de memoria.

Consejos útiles para enfrentarte a todo tipo de exámenes:

-Plantea tus dudas al preparador. En muchas ocasiones (sobre todo en las oposiciones del Grupo A) los temas no se explican individualizadamente (ello haría casi eterna la preparación). Por tanto, no es extraño que al estudiarlos te surjan dudas y problemas. No te las guardes. Al contrario, plantéeselas a tu preparador. Y esto, desde el comienzo: no olvides que las cuestiones suelen entrelazarse, por lo que, si vas acumulando dudas, difícilmente podrás ir comprendiendo el resto de cuestiones. Pero antes de preguntar hay que estudiar. Regla de oro de nuestro método: asistir a clase con la lección aprendida a priori.

-Utiliza la legislación completa y actualizada desde el primer momento que la necesites para resolver los supuestos. La lectura directa de la legislación es básica también para el test. Si te faltan leyes, díselo a tu preparador.

-Resuelve con seriedad y rigor los supuestos que se entreguen en clase para realizar en casa. Hazlo así desde el principio, como si del examen verdadero se tratara, redáctalos de forma completa; documéntalos con las referencias legales, jurisprudencias y doctrinales, en su caso, precisas; analiza en profundidad las cuestiones planteadas. Así irás adquiriendo y desarrollando el aprendizaje, la soltura, los reflejos, la claridad en la exposición y la facilidad en la interpretación. Todos ellos son fruto de un trabajo y de un ejercicio continuado.

-Resuelve en clase los supuestos y test que el preparador disponga, con la misma seriedad que si fuese el examen real.

-Entrega tu ejercicio al preparador. Así podrá saber si progresas adecuadamente y te comentará lo positivo y lo negativo, para que lo tengas en cuenta.

-Participa activamente en las clases pero respeta también el silencio necesario. Manifiesta tus argumentos y discrepancias, trata de convencer a los demás… De esta forma irás reforzando tu preparación y capacitación. El preparador no es un viejo sabio infalible, sino alguien que se ha comprometido a ayudarte y que está dispuesto a hacerlo con seriedad, con sus conocimientos, experiencia laboral e intuición práctica. Sé comunicativo y sincero cuando algo no te guste.

-En la mayoría de las ocasiones, los casos prácticos se corrigen con la lectura que hagas de lo que has escrito. Es decir que el tribunal evalúa sobre la marcha. No lo olvides en el momento de su redacción: debes ser claro, tanto en la exposición de los problemas y en su resolución, como en las citas que aportes. Pero el tribunal va a valorar, además del acierto, los argumentos utilizados, su variedad, la manera de tratarlos, etc. Por eso, a veces es más valioso demostrar que tienes claridad y rigor en el conocimiento de la cuestión, que en el mero acierto en la solución. A veces, un opositor ilumina al tribunal sobre un nuevo enfoque de la cuestión, que hasta entonces no se había planteado. Es importante la buena caligrafía y, si nos limitan el espacio de las respuestas, la concisión.

-Trata con más profundidad los temas más importantes y difíciles. No pierdas el tiempo en algo cuya resolución resulte clara y obvia, porque luego te puede faltar para tratar adecuadamente otra cuestión más importante y difícil, que deberías tratar con más amplitud y profundidad. No olvides que son precisamente éstas las cuestiones que el tribunal tiene más en cuenta al evaluar al opositor. Por ello, es importante que desde el principio controles el tiempo, no excediendo el que señala la convocatoria.

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